Poesía empresarial

A Esther Fernández Vílchez (la boticaria más «Amena»)

Granaína extrovertida,
habla y no puede callar,
le gusta la buena comida,
viajar sola o en estampida
y un buen vino decantar,

Juntarse a una buena mesa
con buena gente a su lado,
salir desde el Bierzo ilesa
si algún botillo deshuesa
con un buen caldo regado

Saber que sus hijos van solos
... y que dejaron el nido,
que están criados sin dolo
y que aquellos dos pipiolos
ya encontraron su Camino,

Saber que hizo todo por Carlos
para que un poeta lo trove...
Quererlo, entenderlo y cuidarlo
hasta que un día vino a llamarlo
un ángel cuando era muy joven,

Y ahora respira tranquila.
¡que sea el destino el que forje!
Ella coge su mochila
y andando los dos en fila
sigue a aquél bueno de Jorge.

Las fichas de los coches de choque (una idea sobre el Carpe Diem de mi amigo Nico)

Yo tenía de crío un amigo
de esos que tienen su "toque",
era un tío, sumo y sigo,
del que yo he sido testigo
amaba los coches de choque.

Llegaba a mi pueblo la feria
y allí acudía cada noche,
para él era cosa muy seria,
no se andaba con miserias,
le encantaban estos coches.

Las fichas que le sobraban
las guardaba pal siguiente,
y así los años pasaban 
mientras él aseguraba
tener fichas suficientes,
y en la cola no esperaba,
... él era el primer cliente.

Pero un día hubo un año
en que no hubo atracción,
mi amigo con gesto huraño
sufrió un gran desengaño
y sus monedas tiró.
(Hubo un cambio de escaños
y la feria nunca volvió).

Y mi amigo en su desdicha
me dijo: ¡usa tus fichas
en cuanto haya ocasión!
pues llega un día que la espichas;
la muerte es una redicha
que cuando quiere se encapricha
y baja si quiere el telón.

A mi escudera…

Yo soy Quijote,
ella es Sancho,
y me sigue
siempre al trote,

Y disfruta 
como un chancho,
si yo, haciendo 
el carajote,
me caigo,
me ensucio
y me mancho,

Y a mi me 
importa un cipote,
yo luego
lo lavo y lo plancho
para que nadie
lo note,

Y así viajamos
tan panchos,
y si sale un 
galeote,
pues compartimos
el rancho.