Poesía empresarial

A Diego Tapia, el domador de burbujas.


Uno entre seis hermanos,
familia de comerciantes,
un trato afable y humano,
un tipo de esos campechanos
que heredaron buen semblante,

te atiende en el Mediodía,
anda entre ostras y cavas,
y encontró la melodía
del que sabe la ironía
de que lo bueno se acaba,
y si no, es que no valdría,
no valdría nada de nada,
es por saber que expira
que esta vida se te clava,

entre las mesas dibuja
su ritmo, que nunca para,
y es domador de burbujas
que es profesión de las raras,

viene encima a mis poemas
y me agradece la tarde,
¡era una tarde de pena
y tus versos me serenan,
escucharte no fue en balde!


A Pancho Varona, la Guitarra de Sabina

Ya no llena los aforos
que llenaba con Sabina,
le entra el arte por los poros,
calla hasta por los codos,
te saluda en cada esquina,
y tiene el genial decoro
del que no juzga ni opina,

un señor en una silla
que acaricia una guitarra,
las letras de carrerilla
y cuenta de forma sencilla
las anécdotas que narra,

si escuchas atentamente
y cerraras bien los ojos,
ves que lo adora la gente,
y que hace un Wizink Center
a partir de los despojos,

yo no sé si habrá fumata
o si el tiempo rebobina,
yo no sé si hay Fe de erratas,
yo no sé de qué se trata
o si hay por medio inquina,

mas no habrá quién hoy debata
que Pancho es, de forma innata,
la guitarra de Sabina.








A Rosa Sánchez Ramiro, absuelta y ocupada.

Tiene aún esa mirada
de quien ha visto la muerte,
y como tenía coartada
fue inocente declarada
y fue absuelta finalmente,
sabiendo que lo que no mata
te hace al final más fuerte,

un doctorado en doctora,
un Forrest Gump excedente
y necesitan sin demora
un perro de esos que llora
y que es mejor que la gente,

y tiene entre sus efectos
a Bukowski, Yeats, Neruda,
y algún poemario selecto
por si un día le entraran dudas,

y junto a Whitman y sus hojas
guarda Rosa una Regenta,
y entre la mesa coja
y la alfombra magenta
hace hueco y desaloja
pa un VíctorHugo70.