Poesía empresarial

La Faena en el Hospitalillo

Cuando uno baja al ruedo
y no tiene Apoderao,
es normal sentir el miedo
de quedarse bloqueao,

mirar hacia el tendido,
teniendo el sol de frente,
preguntarse si han venido,
si en las butacas hay gente,

por eso es gratificante
ver que aparte del toro
tienes público delante,
no está vacío el aforo,

recién terminada la tarde,
cuando he toreao el sexto,
¡muchas gracias, Dios te guarde!,
valoro mucho tu gesto,

siempre fui agradecido
igual joven que de viejo,
¡gracias por haber venido,
siempre llevo más que dejo!

El descanso de un Lord

En una ciudad gaditana
y apoyado en el bauprés,
enfilando la bocana
con el agua calma y plana
entra en casa un Lord inglés,
con Mari Carmen, su hermana,
y con Yvonne son siempre tres,

enfila la calle Real
y se dirige a su plaza,
no añora aquel Rent a Car,
ya se pudo jubilar
y en La Línea se solaza,
y ya olvidó que al final
no quería la capital
y le sirvieron dos tazas,

hoy sonríe viendo el Peñón
y sentado con su gorro,
con sus nietos , un montón,
y con sus hijas en corro,
y a ratos, de refilón,
recuerda con ilusión
sus ratillos en El Chorro,

y no sabe el navegante
que ha enseñado a disfrutar,
a gozar de cada instante
a los que vienen detrás
con ese estilo elegante
que tiene un Lord de verdad,

coja el gorro de Almirante,
... salga de nuevo a la mar.

A Iván González Jiménez, 30 en la mejor oficina

Hace 30 de un suceso
que ha marcado a nuestro Poli,
hablemos un poco de eso,
hagamos un breve receso,
busquemos papel y boli,

hay gente que en esta vida
no encuentra nunca el lugar,
va jugando la partida
y desde la misma salida
no llega nunca a encajar,

y en esta vida tan perra
que te da cales y arenas,
vino un niño de la sierra
y se bajó en nuestra tierra
comiendo dos madalenas,

y hoy dice que hace treinta
que dio su primera clase,
y Marbella está contenta,
así que en letras de imprenta
salda contigo cuentas
por nuestro deporte base.