Poesía empresarial

Cincuentones

He parado a echar un pito,
estoy un poco cansado,
y voy a parar un ratito
mientras descanso y medito
si ando o si sigo sentado,

no tengo ya mucha prisa,
ya juego el segundo tiempo,
los sesenta ya me frisan
voy a partirme la camisa
y a disfrutar el momento,

Sancho ha ido a por más vino,
Rocinante ya se mea,
pero estoy en el camino,
he vencido a los molinos
y he besado a Dulcinea,

y este torpedo divino,
¡quillo, no veas cómo humea!



A Carlos Jorge Castillo Leal, el Profe.

Lo conocí en calle Arjona,
cuando yo empecé a ascender,
me hicieron jefe de zona
y al poco lo hicieron a él,
la verdad es que me ilusiona
que ni una sola persona
pueda de mí aprender,

así que un día se volvió
y se llevó sus maletas,
no sé si algo aprendió,
pero sé que este señor
por lo menos me respeta,

siempre fue un tipo listo
que hizo las cosas sencillas,
no como otros que he visto
que dejaron hecho un cristo
mis Páginas Amarillas,
cogieron la caja de mixtos
y encendieron las cerillas,

dicen que en la pandemia
vio las diapositivas,
esas que un día te enseñan
que de pronto te despeñas
y se te ha acabao la vida,

pero el tipo se salvó
y hoy hay un Carlos nuevo,
y como hoy me llamó
voy a ver al profesor,
a ver si esta vez apruebo.





A aquel Hotel Don Pablo en Pechón

A final de los noventa
descubrimos este hotel,
yo sigo con mi parienta,
pero ya no lo regenta
el que reía en el dintel,

tenía un tupido mostacho
y una burra en una esquina,
la cara aún de un muchacho,
Pablo fue nuestro amigacho,
la burra era Catalina,

hace años volví a verlo
con la carta que envió,
pero se fue de estraperlo,
sin comerlo ni beberlo,
dicen que el charco cruzó,

y este dibujo de Arturo
me ha recordado a aquel Pablo,
que en aquel invierno duro
fue un gran anfitrión, lo juro
... y sé bien de lo que hablo.