Poesía empresarial

El reloj

Hay veces en esta vida
que uno para el reloj,
y entonces la vida obliga
a atender a quien te siga,
como siempre haría un señor,

y juntas en una mesa 
a quien te caló bien dentro,
sabiendo que las promesas
al final siempre te pesan,
y siempre es mejor el intento,

y sientes que los recuerdos
ruedan por copas de vino,
que no existe el desacuerdo,
y es verdad que siempre aprendo
cuando estoy con mis amigos,

y cada uno hace un discurso
que sale del corazón,
aunque le tiemblen los pulsos,
y mira que yo nunca expulso
aunque sea el anfitrión,

y cuando cierras la puerta
y cada uno vuelve a casa,
hay una cosa bien cierta:
que veo a Ana contenta
porque con más de cincuenta
hoy volvió a ser la muchacha
que subía aquella cuesta
con su bolsa de Privata,

y lo que uno no intenta
queda en agua de borrajas.





53º

De pronto recoges los dados
y pasó media partida,
media por decir algo,
la vida es un puto galgo
que salió ya en estampida,

abres las dos ventanas,
miras por el espejo,
ya tienes arrugas y canas
y el niño con tantas ganas
va pareciéndose a un viejo,

ya no trabajas en MARVEL,
ya no te hace falta traje,
y te diste cuenta tarde
que viajar es siempre en balde
si no disfrutaste el viaje,

de pronto sacas las suelas
y que descansen los pies,
de pronto soplas las velas,
y te dices ¡vaya tela,
ayer estaba en las escuela
y hoy me caen cincuenta y tres!,

coge dos vasos y llena,
que ya pagará el inglés,
y me daría mucha pena
no poder brindar después.