Poesía empresarial

A Sergio Rodríguez Ponce, repartiendo sonrisas.

Cara de esos muñecos
de las tiendas de juguetes,
alergia a los frutos secos,
un cigarro boquiseco
y una hija con diabetes,

pinta de más buena gente
con sus ojitos azules,
siempre empañadas las lentes,
no ve lo que tiene enfrente,
no ve nada, no lo dudes,

tiene tres hijos infantes
con los que juega en la arena,
una mujer currante
que siempre le pone delante
un platito pa la cena,
y en el barrio de Carranque
una madre y una abuela,

nunca tiene un mal gesto,
su cigarrito al volante,
Sergio es un tipo honesto
que ya hace aquello o esto,
con un encomiable talante,

porque nació con el don
más preciado en esta vida,
que es disfrutar guasón
ya llueva o ya haga sol
desde la misma Salida,

jugártela de farol
aún en las malas partidas.

A Joseba Olalde Uriarte, de nuevo en el banquillo.

La primera que lo vi
me dijo ¡esta es mi mesa!,
no se auguraba un buen fin
cuando las cosas así
entre dos tipos empiezan,

pero enseguida cuajamos
en segunda convocatoria,
Jou es un tío campechano,
un vendedor veterano,
el Rod Stewart de Vitoria,

éramos dos chiquillos
y somos dos dinosaurios,
que aún pelean con un cuchillo
por un puesto en el banquillo
y por pisar el estadio,

y este vasco malaguita
siempre está aunque no te llame,
y voy a hacerle un poemita
a este colega perita
que ha sufrido un derrame,

que al lobo le ha visto la oreja,
pero le ha echado coraje,
que esta vida compleja
le ha pegado una colleja
y le ha dicho que se relaje,

que tiene una risa sana,
vaya por donde vaya,
que sino quiere jarana
le pagaré una tisana
a este gamberro canalla,

y que tiene reservada
siempre la contraportada
pa Adrián, Cristi y Amaya.















Poema a Marbella, el mejor lugar del mundo.

Allá donde se cruza el mar y el monte,
donde sale el sol ya por castigo,
allá donde se otea el horizonte
y te imaginas tú de polizonte,
en un barco del puerto deportivo,

allá donde se cruzan mil culturas,
que campan a sus anchas por sus calles,
las casas tienen manos de pintura,
donde el jinete cuelga su montura
pues no quiere perderse ni un detalle,

donde uno se baña en la playa
hasta bien entrado el mes de octubre,
y queda un hueco para tu toalla,
y te llevas el diploma y la medalla
si un día todo esto lo descubres,

donde una marabunta en el albero,
pulula esquivando al contrincante,
los mayores con zapato y con sombrero,
los zagales escuchando a otro Quevedo,
y los guiris con un selfie a cada instante,

donde todo queda eternamente a mano,
donde quedas con tu gente en cero coma,
donde Dios aquel domingo dio de mano,
y dijo aquello de seamos hermanos,
que todos los caminos van a Roma,

y hoy que es domingo y creo que llueve,
y me dio por pararme un segundo,
Pepito Grillo dijo ¿no te atreves?
¡escríbele a Marbella, se lo debes!,
estás en el mejor lugar del mundo.