Beethoven no superó
a D. Julio Leal Gordito,
y no es que lo diga yo,
a las pruebas me remito.
No llegó el Maestro de Bonn
con el arte de sus manos,
ni a acercarse de refilón
al Genio de Montellano.
De acuerdo que hizo piezas
que son parte de la Historia,
que lo suyo fue una proeza
y que es merecida su gloria.
Pero Ludwig no mantuvo
a una familia de siete,
ni salía en cielo oscuro
a montarse de paquete,
Y a las seis de la mañana
coger dirección a Sevilla
sentado en una tartana
para sentarse en su silla.
Ni nunca peló la pava
con la chica de su edad
que en su casa disfrutaba
de envidiada libertad.
Ni aguantó bajo la lluvia
soñando con unas enaguas,
tonteando con su rubia
a resguardo de un paraguas.
Hay que ser todo un figura,
como seguro que ha sido,
para en esta vida tan dura
mantener tan cerca el nido:
Todos los hijos currando,
y a menos de dos manzanas
tenerlos a todos a mano
cualquier día de la semana.
Hay que caer en agrado
con esa sonrisa angelada,
para quedarte tirado
en carretera apartada,
y a un cazador acostado,
que el fútbol por fin miraba
llevarlo al coche aparcado
pa ́ que echara una mirada,
y una vez lo ha arreglado
te diga: ¡No ha sido nada!
Esta es la historia de un hombre
que, seguro de su sino,
permítanme que me asombre,
disfrutó siempre el camino.
No, !Beethoven no lo igualó!
Y si alguno quiere apuesta,
siempre me asombraré yo
del que dirige una orquesta;
pero hay que ser un Señor,
para que haya una fiesta
de críos por el comedor,
y a ti te respeten la siesta.