Si yo tuviera 20 años mandaría todo al carajo, me iría a un lugar extraño sin dineros ni trabajo. Subiría al primer tren, llamaría a mis amigos, por si alguno tiene a bien y quiere venirse conmigo. Correría mucho mundo, hablaría muchos idiomas, y no perdería un segundo en esos temas absurdos que todo el tiempo te roban. Cogería una mochila, dos duros y un par de mudas, sin móvil, y no te miento, para vivir aventuras y aprovechar el momento: no tengas ninguna duda. Aprendería mil oficios que forjarían mi destino, y probaría algunos vicios que soltaría en el camino. Y vería esos lugares que sé que nunca veré; cerraría todos los bares donde sé que no estaré. Y en la orilla de los mares, hasta que el Sol no se pare, miraría el atardecer. Y a eso ya de los treinta, con el mundo recorrido, empezaría a dar la vuelta al sitio donde he nacido. Y entonces tendría mis hijos, mis gastos y mi hipoteca. y les daría cobijo, comida y una rebeca. Buscaría un trabajo fijo y tendría mi biblioteca, un perro en un escondijo y una foto mía con pecas de cuando era un canijo jugando en la ludoteca, y me importaba un pijo lo que la maestra me dijo de la gallina turuleca. Pero eso será en otra vida... en esta ya estoy algo viejo y se ha marchado mi fila. Ya tengo muchas mochilas; pero te doy este consejo por si estás en la Salida.
Autor: victorhugo70
Poeta Urbano. Poesía Empresarial.
A JUANMA BAUTISTA
Tras unas gafas de pasta, como otro Roberto Bolaño, simpatiza con la casta mas es mochilero huraño. Y como el rollo que se gasta mientras estás en el baño, su simple ausencia te basta, para hacerte mucho daño, y al final lo echas en falta aunque te parezca extraño. Juanma tiene la cara de un bajo o de un tenor, y de aquél que no dice nada si estáis en el ascensor. Del picoleto malaje que se pone en los radares, y del amigo fiel, como un paje, con el que cierras los bares. Del que se cuela en la cola, del bibliotecario sieso, del que tiene una escayola y nadie le firma en el yeso. Del taxista que no habla mientras te cruza Sevilla, y te cobra ochenta euros vacilón, por la patilla, por recogerte en Nervión y llevarte a Enramadilla. O del que llegó al avión y altivo desde el rincón se sentó en tu ventanilla. Pero detrás de ese escudo y esa pinta de malaje, justo detrás del nudo, de la corbata y del traje, hay un tipo cojonudo, buen compañero de viaje, que me animó cuando pudo a aguantar este oleaje. Hoy cumple cuarenta y cuatro y yo le regalo estas rimas. Se las cambio por un rato, y una Cruzcampo en la esquina. 10 de septiembre de 2018
A CARLOS PÉREZ BUDIA
Siempre en el Tee de salida, golpeando a toda prisa; la primera birra que pidas ya la pagó con su VISA. Siempre pergeñando ideas, un constante emprendedor. Ya sufrió que no me veas, y ya aprendió de su error. Bailó con las más feas y de allí salió vencedor, cuando el que creía colega era al final un traidor. Que sepa el dueño de IKEA que ya tiene sucesor. Y aunque el sueco no lo crea Carlos es mucho mejor. El Carli que yo prefiero es ese tío sincero, que sentado en el sillón, feliz como ese niño al que que dejan que se baje, si yo le propongo un viaje, siempre me da el ¡Sí Quiero! con una especie de guiño antes que yo me raje.

