Hay quien…

Hay quien se acerca a la vida
y se tira ochenta años,
y cuando va a la salida
le ponen un sello enseguida
por si vuelve como extraño,

y hay quien decide vivir
y no poner nunca el brazo,
entrar y volver a salir,
entrar de nuevo a pedir,
darle al portero un abrazo,

y un día se queda en la puerta
porque no dejan entrar,
a quien fijo a ciencia cierta
no aceptó nunca la oferta
de no salir a respirar.




Hay veces…

Hay veces que vivo sin prisa,
y entonces me creo que vivo,
hay veces que pintan con tiza
lo que hay entre balizas
y algún detective paliza
va y me cita de testigo...,
hay veces que la camisa
me la parto con amigos,
hay veces que en la cornisa
miro el mundo e investigo
por si la vida y la brisa
traen algo nuevo consigo,

y hay veces que sin premisa,
alguien junta dos sonrisas
y petan el puto objetivo.

(foto de Alex Guillén)

A Adán Palomo, comenzando

Está registrado en su Tomo,
como un personaje importante,
llegó pegando en el pomo,
le hicieron entrar adelante,
trae en su mirar el asomo
de un extremeño expectante,
la ternura de los gnomos
cuando miras su semblante,
la constancia y el aplomo
de quien vivía en Alicante

y cuentan que Carlos Palomo
va babeando a cada instante.