Poesía empresarial

Yo siempre fui un don Quijote

Yo siempre fui un don Quijote,
medio cuerdo, medio loco,
con pinta de carajote
que lo de templar el capote
fue aprendiendo poco a poco.

Amigo de causas perdidas,
subido a mi Rocinante,
con mi celada partida,
luché desde la salida
como un Caballero Andante.


Tuve una infancia dura,
era callado y enjuto,
aunque nunca faltó el rancho,

Pero es cierto, si me apuras,
que siempre tuve y disfruto
la compañía de un buen Sancho.

Me gusta vivir sin premuras,
... y disfrutar el minuto
por si tocan zafarrancho.



A David, 52º

David habla más bien poco,
siempre mide las palabras,
si hay vino blanco, me enroco,
pues me vuelve a veces loco,
y no sé si es que me equivoco
o sí quiere que lo abra.

Hoy es de nuevo su día
y seguro que abre un tinto,
mientras mira con un guiño.

... aunque yo te apostaría
a que este cachondo sucinto
hace caso a sus instintos
y al final abre albariño.

















A Quino Sanjorge, 42º

Luce una fina perilla
sobre una tez morena,
viste una vieja gorrilla
por si de día el sol le quema
y se tira de rodillas
a diez metros de la orilla
sin importarle la arena.

Estricto, formal y tranquilo,
discreto y observador,
entrenador de pupilos,
los observa con sigilo
como hace un buen mentor,
y los rota cual vinilos
atendiendo al marcador.

Quino es un tipo sano
que eligió llevar coraza,
quizás como aquél Hispano
que en la peli de romanos,
se la jugaba en la plaza.
Mas yo me juego una mano
a que es un tío campechano
que estando con sus enanos
se divierte y se solaza.