Poesía empresarial

Ratos que no cuestan dinero

Aquello que cuesta dinero 
es sencillo disfrutar,
saber ponerte el babero
si te dan bien de yantar,
retirar en el cajero,
para luego ir a comprar,
una excursión en velero,
una ocasión de viajar.

Difícil es ser buen torero,
saber de todo de gozar,
un paseo por el albero
cuando el sol cae sobre el mar,
un paseo por un sendero,
el placer de caminar,
o un ratito con quien quiero
y a quien su trato sincero
yo nunca podré pagar.

Nunca algo tan austero
fue tan fácil de estimar.



Los hijos siempre te ganan

Los hijos siempre te ganan,
son tus mejores versiones,
da igual, da igual lo que hagan,
su cariño no se paga,
ese es uno de sus dones.

Puedes pensar que son necios
porque miran sus pantallas,
mientras tú desde el trapecio
ya te vas sintiendo viejo,
hastiado de tanta batalla.

No te pidieron venir
mas fue lo mejor que hiciste,
siempre vas a recibir
por más que te toque sufrir,
más de lo que tú les diste.
Te hacen soñar y sentir,
así que nunca estés triste.

Y si ellos pueden vivir
fue siempre gracias a ti,
y para eso tú viniste.










A Junior y su Bruno

Ha tiempo nada me sorprende ,
ha tiempo no me sorprendo con nada,
sabrás entonces, por ende,
que hoy me encontré con un duende
que vino de donde las hadas.

Al cabo de un buen rato
de asado, tira y buen tinto,
me ubico y después me percato
de que estoy ante un beato,
... un héroe raro y extinto.

Me da su arte y su chanza
sin contarme su odisea,
como un noble Sancho Panza
que agota sus esperanzas
bailando con la más fea,
Señor a la antigua usanza,
de una vetusta ralea.

Te da su charla y su risa,
su whisky, su vino, su tiempo,
y de una forma imprecisa
aún rezumaba la brisa
que subyace ante el tormento.

Y lo veo girar la esquina
con el mundo por montera,
y lo guardo en mi retina.
Hay gente vulgar y anodina,
y hay gente valiente de veras.