Poesía empresarial

A don Rafael Germán Gumpert Cuaresma, «el Titi»

Tiene la misma mirada
de cuando era un chaval,
cuando el Padrón lo sacaba
a hacer cuatro derivadas
porque no quería explicar,
cuando aquellos que añorabas,
en el recreo se bajaban
y esperaban en el bar,

de aquello hace ya bastante,
y el Titi ya no hace pellas,
ahora tiene restaurantes,
los mismos amigos de antes
y una carta de paellas,

dos niños que hacen lucha
de esas de artes marciales,
que yo no sé si le escuchan,
pero la gracia era mucha
y la tendrán a raudales,

pero a solas, sin clientes,
al terminar las tareas,
daría su cuenta corriente
por volver a tener veinte,
... ver bajar la marea,
y con otros dos enfrente,
jugar a balonvolea,

antes que llegue el relente,
antes que ya no se vea.




El transistor (lo que nos enseñó «el apagón»)

Pasamos el puto día
mirando siete pantallas,
qué tristeza, qué apatía,
qué cruel monotonía,
qué existencia más canalla,

cuando llegó "el apagón"
y la vida se hizo oscura,
no funcionaba tiktok,
no me sonaba el buzón,
no hice ninguna captura,
ya no usaba el cargador,
ya no iba contra natura,

al final lo que te queda
es siempre lo más sencillo,
leer una buena novela,
charlar a la luz de una vela,
acariciar a un perrillo,
y al calor de una candela
juntarnos en un corrillo,

y sé que Steve Jobs ahí arriba
ya no desplaza el dedo,
y usa dos cosas sin gigas
que ya la usaba mi abuelo,
un paquetito de pilas
y un transistor medio bueno.


Si un día se me fuera la cabeza

Si un día se me fuera la cabeza,
intenta recordarme como ahora,
un tipo que a pesar de la pereza,
si era pa tomarse dos cervezas
juntaba a sus amigos sin demora,

que perdía el tiempo, sumo y sigo,
intentando mantener ratitos buenos,
que sabía que caía en el olvido
esa frase que dolía por castigo
la típica de ¡a ver si un día nos vemos!,

que nunca supo nadar...
y menos guardar la ropa,
que le encantaba eso de brindar,
feliz si disfrutaban los demás,
pendiente de si había vino en tu copa,

que siempre interrumpía
cada vez que uno le hablaba,
y lo que tú ahora darías
porque te interrumpiera un día
y no verle esa mirada,
y no sufrir la agonía
de ver que aquel que querías
ya no se acuerda de nada,

si un día se me fuera la cabeza
no sientas por tu amigo alguna pena,
tú búscame mi puzzle de dos piezas,
y recuerda que te digo con certeza
que siempre nos salvamos de la quema,

y que yo, mientras bebía una cerveza,
disfrutaba al escribir este poema.