Poesía empresarial

A José Luis Blanco López, el óptico melómano

Es óptico - optometrista,
por donde la calle Peral,
también es a ratos ciclista,
y un diletante bajista
aunque eso sea casual,
y encima te mira la vista
saludando a los turistas
que pasan por el local,

y cuando un siglo de estos
yo me haya jubilado,
cuando salga de los puestos
después de ir al Mercado,
subiré el Peral con gesto
de andar ya algo cansado,
y allí habrá un letrero modesto
(en la calle atornillado)
que diga el segundo puesto
fue para el Jordi Hurtado,

aquí curró un tipo honesto
que entró recién graduado.





A Carlota, ni lenta ni torpe

Siempre pulula entre mesas,
pendiente que no falte nada,
creo que es filóloga inglesa,
y que cantando Princesa
también estudió pa abogada,

... y hoy regenta la taberna
que lleva de nombre Gaspar,
donde antes estaba Marruenda,
girando la calle a la izquierda,
calle Finlandia hacia el mar,

hay paredes con mensajes,
una carta manuscrita,
tortilla, pescados, potajes,
un torero dejó un traje,
la cerveza está fresquita,
el mantel es un paisaje
y el arcoíris lo habita,

y este es un homenaje
a alguien que tuvo el coraje
de mantener su esquinita.








Verano 2026

Una vieja en su terraza
va regando sus macetas,
y las semis contra Francia
si Donald Trump no lo cambia
y nos saca una tarjeta,

a tope el ventilador,
el coche en un puto atasco,
otra ola de calor,
la cuarta ducha de hoy,
ya estoy sudando, ¡qué asco!,

madrugar, conducir, sudar,
beber, comer, y ducharme,
siesta, café, caminar,
el coyote va a comprar
más pienso de marca ACME,

y así voy pasando el verano
mientras rezo por septiembre,
con el mundial que ganamos
y los meses que sudamos
... ¡tú me entiendes!